EL PAYASO

Lloré tras bambalinas de mi viejo teatro
tras la función aquella que todo éxito fue,
y en mi llanto caían dos lágrimas, dos penas,
el recuerdo del triunfo y el miedo de perder
la dicha de sentirme vital como un payaso,
vibrar con las sonrisas que arranco de un vergel,
y a la vez darme cuenta que es tan fugaz la risa,
una música al alma, y silencio después.
Late ése corazón rebosante de gozo,
soy tan sólo un payaso, pero me veo un rey,
de terrenos de asombro, territorio de musas,
gobernante de un reino de crema y de pastel.

Lloré tras bambalinas de mi viejo teatro
porque habrá una última función, y después
saldré al otro escenario, el de mi cuarto pobre,
me sacaré la máscara, la nariz y veré...
aquello de lo que huyo y encuentro a cada rato
éstos rasgos cansados, mis ojos, mi revés,
la otra cara que oculto por ser sólo un payaso
y que carga tristezas, dolores y traspiés.
Tal vez llore una hora, o unos breves instantes,
y mas tarde pregunte: a ver... ¿qué hay de comer?
y al otro día al alba cansado me levante
olvidando que la última función fue la de ayer.

Marcelo Rinaldi

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