Entradas

Mostrando entradas de 2009

TIRA DEL CARRO

Imagen
Tirá del carro, mi amigo,
tirá del carro que quiero
cantarte unas breves coplas
para decirte: te quiero.

Porque siendo un laburante
tirás del carro parejo
llevando papel de diario,
cartón, plástico y ejemplo.

Tirá del carro, mi amigo,
tirá del carro, mi viejo,
apurá que a la balanza
conviene llegar primero,

pesar la carga del día
y recibir unos pesos
quer si alcanzan para cena
no llegan hasta el almuerzo.

Tirá del carro, mi amigo,
dale bien duro y parejo,
quiera Dios recompensarte
por ser digno y por ser pueblo.

Otros ven en marquesinas
y luminarias el éxito,
yo veo tanta grandeza
en tu venerable esfuerzo

que las lágrimas resbalan
mi ánimo conmoviendo
al verte cargar con culpas
y con cartones ajenos.

Seguí tirando del carro,
dale bien duro y parejo,
que otros den vuelta la cara,
yo te aplaudo, compañero,

y quiero te llegue al alma
mi simple verso sincero,
tirá del carro, mi amigo,
tirá del carro, mi viejo.


Marcelo Rinaldi

EL ASCETA

Acaricia un viento con alas gastadas
su cuerpo de asceta tras la trascendencia,
postura de loto, mente concentrada,
está iluminada su sabia conciencia.

Si él suspira caen las hojas del árbol,
quedó en armonía la naturaleza,
de algún universo lejano e ignoto,
el ritmo en su pecho las aguas aquieta.

Reverencia a un sabio y antiguo maestro,
lo ama como ama a Dios y a su tierra,
y eleva en su alma los eternos rezos
de sabiduría con los que apacienta

su rincón de sueños antiguo y lejano
donde el viento roza con alas ligeras
su cuerpo de asceta en postura de loto
tras el vuelo frágil de la trascendencia.

Marcelo Rinaldi

EL TEMPLO

Soy el espíritu errante
de un hombre bueno y valiente
desencarné hace milenios
y estoy aquí desde siempre.
Este templo me ha albergado
luego de un juicio solemne
en el que fui condenado
a habitarlo para siempre.
Tras ésos mármoles blancos
que las columnas sostienen
tantas glorias han pasado,
brotaron tantos laureles...
Ví pasar los mercenarios,
traficar los mercaderes,
pronunciarse los oráculos
y a los magos hechar suertes.

Soy el guardián y testigo
de éste templo donde ceden
al poder del Dios Eterno
los poderosos y fuertes.
Tantas veces he rezado
ante el altar que hoy se yergue
donde antes hubo un ídolo
con fuego y luz en su vientre.
He servido a muchos Dioses,
pues los cultos se suceden
a lo largo de los tiempos.
Ante éste espíritu vuelven:
las eras, las estaciones,
la vida, el amor, la plebe,
pasó la guerra al galope,
volvió la paz sin jinete.

Ví al Redentor de los hombres
vencer a la misma muerte
en una cruz, sin pecados,
clamando al Padre su suerte.
He visto esposos y esposas
jurarse el amor que deben
ante el Dios, y…