PARA HACER BUENOS VERSOS

Para hacer buenos versos es por todos sabido
que se debe empezar cosechando adjetivos.
Borges bien los conoce y mejor ha elegido,
yo los compro en oferta, los corto, muelo, pico,
los coloco en sartenes entre verbos prolijos
con paciencia y cuidado por los tiempos distintos
y amando lo que hago, (vital sincericidio),
a fuego lento y grave cocino lo descripto.
Si tengo alguna duda, repaso por los libros
las formas y colores del tiempo en el que escribo,
prefiriendo a la hora de hacer versos, amigo,
las formas subjetivas y el modo infinitivo,
aunque todos sabemos de un modo intelectivo
que no se cuecen sobras en tiempos conjuguinos.
Siguiendo la receta, (un modo de decirlo)
siga condimentando, busque en frascos chiquitos,
las elle que no usa,los puntos suspensivos,
las jotas y las haches que omitió en sus descuidos,
no usar la cantinela del "te amo y necesito",
obvie palabras viejas, deséchelas y listo.
Al rallar los advervios use un corte prolijo,
(la actitud es un arte y ser hábil es lindo),
y si quiere o desea (ésto Serrat lo ha dicho)
use delirio en rama, ni mucho, ni poquito.
cuando espese la salsa, (poema, mejor dicho),
a gusto de su ego cante y juegue consigo,
mientras, con una pizca de verso alejandrino
prepara una ensalada de "Dios y Señor mío",
use musas en grano, un poco de tomillo,
una pizca de orgullo y una porción de ritmo,
(las hierbas poemáticas que en mi verso describo
búsquelas en la huerta o dentro de sí mismo).
con el ojo en lo hecho y al calor de los libros
sazone con un poco de bien puestos artículos.
yo los prefiero en polvo, los ilusos y vivos
los obvian por pequeños y poco ilustrativos.
Es un error grosero, pues se sabe el artículo,
le da un gusto a las cosas que cuesta describirlo.
No apele a vanidades porque esto es muy mal visto
ni apele a los recursos que emplean los narcisos,
sean estos retórica o vanos artificios.
Al romper el herbor y como es lo preciso
rocíe largamente con un vaso de vino,
si es blanco beba un vaso, y beba dos si es tinto,
no pierda la cordura, alégrese un poquito.
Si se siente seguro, o acaso por principio,
de propio puño y letra lo firma al estar listo
si le queda cordura después del vino tinto
y se acuerda completos su nombre y apellido.
Luego ponga la mesa y a parientes, y amigos,
y público, y lectores ofrezca lo cocido,
y experimente el arte, (o el placer, mejor dicho)
del bien alimentarse de ilusiones y ritmos.

Marcelo Rinaldi

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