VAYA YUNTA

Uno caballo brioso,
otro caballo cansino.
Sueltos o atados al coche,
vaya yunta me he elegido.

Uno potro pura sangre,
el otro puro fastidio,
cabalga al galope uno,
camina el otro su sino.

Van por sendas separadas
al filo del precipicio
uno, y el otro buscando
en el prado su camino.

Que curioso que es mirarlos
tan juntos y tan distintos,
manso uno, el otro bravo,
uno bayo, otro tordillo.

Que raro es querer sacarlos
a paseo los domingos,
tira uno hacia la plaza,
y el otro a beber al río.

Cargan sobre sus espaldas,
(o sus lomos mejor dicho),
los dos en alforjas llenas
uno pasión otro olvido.

No usa ninguno anteojeras,
uno contempla el camino,
y va oteando el otro el monte
vuelto hacia arriba el hocico.

Que gusto me da mirarlos,
tan parejos, tan distintos,
tan juntos y separados,
uno viejo, otro potrillo.

Los veo y los reconozco
a lo lejos, por distintos,
no he sido nunca baqueano
y ellos nunca parecidos.

Uno egoísmo, otro amor,
son sus nombres de potrillos,
una yunta despareja
que conozco desde niño.

De a poco me he acostumbrado
a un delicado equilibrio,
uno es mi orgullo y mi pena
otro me mantiene vivo,

y en el día o en la noche,
claro u obscuro el camino
al verlos andar yo pienso,
¡vaya yunta me he elegido!

Marcelo Rinaldi



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